WIM WENDERS

"TO SHOOT PICTURES..."


"Disparar" fotografías.
Eso de fotografiar es un acto en el tiempo,
en el cual algo
es arrancado a su momento
y transferido en una diversa forma de continuidad.



Siempre se piensa
que lo que se arranca al tiempo
se encuentra delante de la cámara fotográfica.
Pero no es totalmente exacto.
Fotografiar es efectivamente
un acto bidireccional:
hacia delante
y hacia atrás.
Claro, se procede también "hacia atrás".
La comparación por otro lado no es tan extravagante.
Así como el cazador apoya su fusil,
mira la presa delante de él,
aprieta el gatillo,
y cuando parte el proyectil
es empujado hacia atrás por el contragolpe,
así también el fotógrafo es empujado
hacia sí mismo
apretando el dispositivo del disparo.
Una fotografía es siempre una imagen doble:
muestra su objeto
y -más o menos visible-
"detrás",
el "contragolpe":
la imagen de quien hace la fotografía
en el momento de la toma.



Esta contraimagen,
presente en toda fotografía,
no queda fijada por el objetivo,
así como el cazador
no es herido por su proyectil,
del cual advierte solamente el contragolpe.
¿Qué es entonces el "contragolpe" del fotógrafo?
¿Cómo es percibido,
cómo se reproduce en la imagen fotografiada?
¿Qué hace que sea, por decirlo así, evidente en la fotografía?
En alemán hay una palabra muy significativa
para indicar este concepto,
una palabra
que conocemos por contextos totalmente distintos:
disposición.
En sentido psicológico o moral
con ella se busca subrayar la actitud
con la cual alguien se "dispone a algo",
o más bien se prepara para algo
para después re-tomarlo.
La "disposición"
sin embargo es también un concepto en la fotografía
o en el film,
y define la imagen y su recorte,
pero también
el modo en el cual se dispone la cámara fotográfica
respecto a los valores de la luz y de los tiempos,
con los cuales el operador se dispone después para la "toma".
Naturalmente no es casualidad
que la misma palabra defina tanto la actitud
como la imagen producida mediante la misma.
Toda "disposición" (y por lo tanto toda imagen)
refleja la "disposición" de quien
ha "tomado" esta imagen.



Al contragolpe del cazador
corresponde en la fotografía
el retrato, más o menos visible,
de aquel que saca la fotografía.
No quedan fijados los rasgos
del rostro,
sino más bien su actitud,
su disposición hacia aquello
que está delante suyo.
La cámara fotográfica es por lo tanto un ojo
que puede mirar al mismo tiempo
delante y detrás de sí.
Delante saca una fotografía,
detrás traza una silueta
del ánimo del fotógrafo:
o más bien toma
a través de su ojo
lo que lo motiva.
Una cámara fotográfica por lo tanto ve delante su objeto,
y detrás el motivo
por el cual este objeto debía ser tomado.
Muestra las cosas
y el deseo de ellas.
Hacia lo que está delante asume una actitud,
como así también hacia lo que está detrás.

Bien.
Cada segundo
en algún lugar del mundo
alguien hace un disparo
y fija algo
porque él, o ella, están fascinados
por una cierta luz,
por un rostro,
por un gesto,
por un panorama,
o por una atmósfera,
o simplemente porque una situación
debía ser fijada.
Los objetos de la fotografía,
esto es evidente,
son innumerables.
Cada segundo los multiplica de nuevo al infinito.
Cada instante del fotografiar,
en algún lugar del mundo,
es sin embargo único e incomparable.



El tiempo,
el tiempo imparable,
es una garantía de ello.
Incluso las miles y miles de instantáneas de los turistas,
las "photo opportunities" expresamente señaladas,
son, tomadas por sí mismas, incomparables y únicas.
El tiempo,
incluso en sus momentos más banales y lapidarios,
como en el "disparo" de los turistas,
es único e irrepetible.
Lo que es extraordinario en toda fotografía
no es tanto el hecho
que ahí,
según la opinión corriente,
se habría "fijado el tiempo",
sino más bien al contrario,
que en cada foto éste vuelve a dar prueba
de cómo sea imparable
y continuo.
Toda foto es una evocación de nuestra mortalidad.
Toda foto trata sobre la vida y la muerte.
Toda foto tiene un aura sagrada.
Toda foto es más que la mirada de un hombre,
es superior a las capacidades de su fotógrafo.
Toda foto es también un aspecto de la creación
más allá del tiempo,
desde una visual divina.



De hecho el fotografiar
(o mejor el poder fotografiar)
es "demasiado bello para ser verdad".
Pero igualmente es también
demasiado verdadero para ser bello.
Por eso fotografiar es
también siempre un acto de presunción
y de rebelión.
Fotografiar enseña la intemperancia
o la humildad.
(Detrás de las fotos verdaderamente "buenas" sin embargo
se divisa siempre el ojo humilde).

Si una cámara fotográfica por lo tanto toma hacia las dos direcciones,
hacia delante y hacia atrás,
fundiendo las dos imágenes entre ellas,
de modo que el "detrás" se disuelva en el "delante",
entonces ella permite al fotógrafo,
en el instante de la toma,
estar delante, dentro de las cosas,
y no separado de ellas.
A través del visor
el que fotografía puede salir de si
y estar del "otro lado",
en el mundo,
puede comprender mejor,
ver mejor,
sentir mejor,
amar más.
(Y por supuesto, lamentablemente, también despreciar más.
Efectivamente también está eso, la "mirada mala").



Toda fotografía, toda "Una vez" en el tiempo,
es también el inicio de una historia
que empieza con "Había una vez...".
Toda foto es también la primera llave de un film.
Generalmente después, el momento sucesivo,
los pequeños progresos,
la nueva toma,
la imagen que sigue
ya son un descubrir las huellas
del proceder
de esta historia
en su propio espacio
y en su propio tiempo.

Para mí en todo caso
el fotografiar se había convertido, "en el transcurso del tiempo",
cada vez más en un "descubrir huellas de historias".
Por lo tanto en este libro hay
más series de imágenes
y no imágenes individuales.
En cada segunda imagen inicia el montaje,
se mueve la historia
que se había anunciado en la primera imagen,
su sentido del espacio se desarrolla
en la dirección que le es propia,
dejando presagiar su sentido del tiempo.
A veces aparecen personajes nuevos.
A veces el supuesto protagonista se presenta
en un rol del todo secundario.
Y de vez en cuando no hay un personaje de primer plano
sino un paisaje.
Creo firmemente en la fuerza creativa de los paisajes
en el ámbito de una historia.



Hay paisajes,
sean ellos ciudades,
lugares desiertos,
paisajes montañosos,
o trechos costeros,
que incluso reclaman a viva voz una historia.
Ellos evocan "sus historias",
sí, se las crean.
Los paisajes
pueden ser verdaderamente personajes
y las personas que aparecen ahí simples extras.
Y después además creo firmemente en los accesorios.
¡Qué no puede contar
el diario
aparentemente olvidado por casualidad en una foto!
¡O sino el cartel publicitario sobre el fondo!
¡O el auto estacionado al margen de la calle!
¡Una silla!
¡Cómo se queda allí!
¡Como si justo ahora alguien se hubiese levantado!
¡Un libro abierto sobre una mesa!
¡El pucho de un cigarrillo sobre la vereda!
En las fotos las cosas pueden ser trágicas,
terriblemente bufonescas,
divertidas o tristes.
¡Para no hablar de los elementos del vestuario!





Nada puede parecer más excitante en las fotos.
¡La media que baja en la pierna de un niño!
¡La solapa doblada de un hombre
que se ve sólo desde atrás!
¡Manchas de sudor!
¡Arrugas!
¡Botones que faltan!
¡Cosas apenas planchadas!
¡La historia de la vida de una mujer
resumida en su vestido!



¡El drama de un hombre
expresado en su sobretodo!
El vestuario indica la temperatura de una imagen,
la fecha,
la hora,
períodos de guerra y de paz,
períodos intermedios.

Y todo aparece siempre y solamente una vez,
y de esa una vez, la foto hace después un siempre.
Sólo a través
de la fotografía el tiempo se vuelve visible,
y en el tiempo entre
la primera foto y la segunda
aparece la historia,
que sin estas dos fotos hubiera caído en el olvido
de otro siempre.





Así como yo mientras fotografiaba
quería perderme
afuera, en el mundo
y dentro de las cosas,
del mismo modo ahora el mundo y las cosas surgen de la foto
para entrar en mí
(o en todo otro observador)
y ahí quieren continuar a actuar.
Solamente "ahí" nacen las historias,
ahí
en el ojo
de aquel que observa.
Espero
que este libro de fotografías
se vuelva un libro de historias.
Aún no lo es,
pero puede convertirse en ello
a través de cualquiera que tenga ganas
de escuchar su ver.



WIM WENDERS, UNA VOLTA. Edizioni Socrates. Roma, 1993.

Traducción: Daniel Grilli.